La peseta vasca: historia de la moneda acuñada en el extranjero
Durante la Guerra Civil, el consejero de Hacienda Eliodoro de la Torre impulsó la creación de una moneda propia para el País Vasco, fabricada en Bélgica entre 1936 y 1937.

En el contexto de la convulsa década de 1930, el primer Gobierno Vasco tomó una decisión financiera sin precedentes para consolidar su autonomía económica: emitir su propia moneda. Bajo la dirección de Eliodoro de la Torre, quien fungía como consejero de Hacienda, se ejecutó un plan para acuñar la denominada 'peseta vasca', una divisa que buscaba garantizar la liquidez y el funcionamiento del comercio en un territorio marcado por el conflicto bélico.
La producción de este numerario no se realizó en territorio nacional debido a la escasez de recursos y la inestabilidad del momento, por lo que el encargo se trasladó hasta Bélgica. Entre los años 1936 y 1937, el Gobierno Vasco gestionó la fabricación de estas piezas metálicas con el objetivo de dotar de autonomía a sus transacciones internas frente a la escasez de circulante oficial en aquella época.
La vida de esta moneda fue breve y su circulación estuvo limitada por la rapidez con la que avanzaron las tropas sublevadas. A pesar de que los planes económicos de De la Torre buscaban una estabilidad prolongada, el colapso del frente norte impidió que la peseta vasca se consolidara como una unidad de cambio permanente en la economía de la región.
Hoy en día, las piezas que lograron sobrevivir al conflicto son consideradas objetos de gran valor histórico y numismático. Coleccionistas y expertos en historia económica analizan estas monedas no solo por su composición metálica, sino como un testimonio material de la ambición política de un gobierno que intentó, incluso en las condiciones más adversas, gestionar su propia soberanía fiscal.


